De dónde vengo
El flamenco no se aprende, se siente.
Aquí empieza todo. Donde el silencio se rompe y nace el eco.
Un rincón donde el alma se asoma sin disfraz, donde el compás late despacio y el arte se presenta sin pedir permiso.
Pasa, siente… que aquí hay verdad.
Desde muy pequeño sentí que la música formaba parte de mí. Soy de A Coruña, un lugar donde el flamenco no es lo habitual, pero aun así el cante encontró su sitio dentro de mí de una manera muy natural. No sé exactamente cuándo empezó todo, solo sé que, poco a poco, se convirtió en algo imprescindible en mi vida.
Mi paso por La Voz Kids, donde tuve la suerte de ser finalista, fue una experiencia que me marcó mucho. Me ayudó a crecer, a confiar en mí mismo y a entender que lo que siento cuando canto también puede llegar a otras personas. Pero más allá de los escenarios, sigo siendo el mismo: un chico de 15 años que canta porque lo necesita, porque es su forma de expresarse.
Para mí, el flamenco es mucho más que música. Es emoción, es verdad, es una manera de contar lo que a veces no se puede decir con palabras. Es el lugar donde encuentro calma, pero también donde puedo sacar todo lo que llevo dentro.
A veces, el día a día, los nervios o las dudas pueden hacer que pierda un poco el rumbo. Pero en esos momentos, cierro los ojos y vuelvo a ese niño que empezó a cantar sin miedo, sin pensar en nada más, solo por sentir. Y ahí es donde encuentro la verdadera esencia.
Porque cuando el flamenco te encuentra, ya no hay vuelta atrás. Se queda contigo, forma parte de ti… y te acompaña toda la vida.